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Necesidades educativas especiales (NEE) es un término que incorporó la Ley española de Educación de 1990 (LOGSE) y se refiere a los apoyos y ayudas que necesitan los alumnos/as que tienen necesidades especiales en su enseñanza.

Las NEE no están siempre relacionadas con una dificultad de aprendizaje, también pueden presentarse porque el alumno aprende más rápido o por otras situaciones específicas.

El artículo 73 de la LOGSE dice: “El alumnado con NEE es aquel que requiera, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, determinados apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de discapacidad o trastornos graves de conducta”. Esta definición se actualizó en 2017 haciendo referencia a: “aquel que requiere, por un periodo de su escolarización o a lo largo de toda ella, atención específica, derivada de diferentes grados y tipos de capacidades personales de orden físico, psíquico, cognitivo o sensorial”.

 

Entendemos por discapacidad intelectual cuando el niño/a tiene limitaciones en algunas habilidades y aunque en determinados entornos funcionan mejor, les cuesta más aprender, comprender y comunicarse. Las soluciones que ofrece el sistema educativo tradicional son adaptaciones curriculares, es decir, el alumno es detectado por la tutora y evaluado por la orientadora escolar que le pasa unas pruebas de inteligencia, de habilidades cognitivas y de nivel. Con estas pruebas determina su grado de inteligencia, sus habilidades y en qué nivel educativo se encuentra. Por ejemplo, un niño que está cursando 5º de primaria puede que a nivel de contenidos esté en un nivel de 2º de primaria. Para que el niño se adapte al sistema se elabora una “adaptación curricular” en la que se crean contenidos adecuados a su nivel. Suelen salir a refuerzo con la profesora de pedagogía terapéutica (pt) y se les suele evaluar con pruebas acordes a estos contenidos.

 

Entendemos por altas capacidades o superdotación intelectual:

  • Capacidad intelectual superior a la media, tanto en habilidades generales como específicas.
  • Capacidad superior para resolver problemas.
  • Pensamiento divergente, es el tipo de pensamiento que genera ideas creativas y que es capaz de encontrar múltiples soluciones  a un problema.
  • Alta memoria.
  • Gran curiosidad y deseo constante por aprender.
  • Desarrollo madurativo precoz y desarrollo elevado de habilidades motrices, atencionales, comunicativas y lingüísticas.
  • Gran capacidad de argumentar y preguntar.

 

 

Las soluciones que ofrece el sistema educativo tradicional son las adaptaciones curriculares, lo mismo que en el retraso escolar pero al contrario, elaborando materiales de niveles superiores y el niño/a permanece en su grupo de clase. Y la aceleración, avanzarlos un curso o más para compensar, con lo cual el niño/a está en clases de niveles superiores.

También hay NEE por discapacidad física, auditiva, visual, autismo, problemas graves de conducta, de desarrollo, trastornos de comunicación o trastornos mentales. En todos ellos se intenta que el alumno permanezca en su grupo de clase adaptando su currículum, previa evaluación psicopedagógica y salvando las barreras que pueda tener por su discapacidad.

Después de esta exposición de lo que formalmente está considerado como NEE y sabiendo lo que hace la escuela tradicional paso a exponer qué hace Montessori al respecto.

 

             Área Lenguaje Montessori

Montessori puede admitir a cualquier tipo de niños/as. En un ambiente Montessori conviven juntos los niños de 3 a 6 años en infantil, de 7 a 9 en Taller I y de 10 a 12 en taller II, es decir la primaria. De la misma forma que conviven distintas edades  también conviven las distintas etapas de desarrollo y ritmos. Estas diferencias no son notorias entre los alumnos, los niños que van por detrás del ritmo “normal” o por delante no tienen que salir del aula a refuerzo, no llevan unos libros distintos, no se examinan con distintas pruebas, ya que en Montessori no hay ni libros ni exámenes. Los niños son evaluados por medio de su trabajo diario y de la observación de la guía.

La pedagogía  Montessori es una filosofía de vida que se acompaña en casa, tiene como propósito más importante que el niño/a sea autónomo y se guíe por su yo interno y por lo que necesita aprender en cada momento, por tanto, si hay un niño que con 6 años le interesan las letras irá a buscarlas pero si aún no está preparado buscará otra cosa, y si hay un niño de 4 años que le interesan las letras se le permitirá escoger ese material y se le presentará. Es decir, cada niño dentro del aula va eligiendo lo que necesita para su desarrollo, siempre con la atención de las guías que observan al niño y presentan los materiales adecuados para ellos.

El formato del aula es distinto, no están todos los niños sentados en sillas y pupitres frente a la pizarra sino que pueden moverse libremente por el ambiente, en el que no hay sillas y mesas para todos porque hay materiales que se trabajan en el suelo con alfombras. Las lecciones de las guías es lo que se llama “presentaciones”, son individuales y en ellas la guía le muestra al niño/a cómo utilizar un material o le explica un concepto. Por tanto, cuando el niño entra en el aula tiene todos los materiales que ya conoce a su alcance y puede escoger el que más le interesa en ese momento.

Entonces, no hay problemas derivados de la comparación entre iguales, tanto si el niño lleva retraso como si va por delante, debido a que los niños están acostumbrados a ver que cada uno elige el material que desea y va a su propio ritmo. Personalmente creo que es mejor un ambiente Montessori para los niños que tienen alguna necesidad especial a la hora de aprender.

 

Tablero de la resta Montessori

Entiendo que es difícil de asumir para los padres el hecho que sus hijos tengan alguna necesidad especial, ya que somos adultos educados en la comparación y en la competitividad y siempre queremos que nuestros hijos sean mejores, pero hay que tener mucho cuidado con no trasladar esto a los niños. Tanto desde las familias como desde las escuelas tenemos un gran reto por delante, eliminar las comparaciones, aceptar a los demás como son, sin juzgar al que va por delante o por detrás de lo considerado “normal”, no favorecer la competitividad en entornos educativos y respetar el ritmo natural de cada niño.

Todos los niños del mundo necesitan lo mismo: que se respete su ritmo, que se les acepte y que se les ame.

 

Por Meritxell Blasco Pardos

 Guía Montessori para niños de 3 a 6 años. Formación AMI y psicología.

El adulto que está cerca de un niño le enseña con los conocimientos que tiene pero le educa con la persona que es. No importa todos los conocimientos que tengas si no te sirven para ser mejor persona.

Alrededor de la vida de un niño hay muchos adultos, tanto en su familia como en otros ámbitos sociales. En relación con su educación los más significativos son los padres , otros familiares y los maestros. Podría dividir el rol de cada uno de ellos pero voy a hablar en general del papel que puede desempeñar un adulto que se ocupa de la educación de un niño/a desde la pedagogía Montessori, ya sea en el hogar o en una escuela.

“La verdadera preparación para la educación es el estudio de uno mismo. El entrenamiento de la maestra que ayudará a la vida es mucho más que el aprender ideas. Incluye el entrenamiento del carácter; es una preparación del espíritu.” Montessori, María. La mente absorbente. (p.20)

Criar, educar, enseñar y/o acompañar a niños/as es una gran responsabilidad, es algo que sabemos las personas que estamos a cargo de ellos, y si no lo sabemos tenemos que empezar ya a interiorizarlo. Desde la pedagogía Montessori damos mucha importancia a la formación personal del adulto que acompaña a los niños/as. Debe, como primer requisito, conocerse  así mismo, conocer sus luces y sus sombras, debe ser una persona que ha pasado por procesos de crecimiento personal y está en continúa observación de sí mismo. La preparación espiritual del adulto es lo que le va a permitir estar en contacto real con los niños/as y será a través de ellos que los adultos se enfrentan a sus sombras y las sacan a la luz de la consciencia. Pueden, a través de la interacción con los niños/as, observar esos aspectos ocultos y no aceptados, aceptarlos e integrarlos en su persona para sanar.

 

El adulto necesita de mucha humildad, no se sitúa por encima del niño, sino a su lado, ya que somos lo mismo. Debe controlar dos cosas, su orgullo y su ira.

El orgullo es la necesidad de ser reconocido por los demás y está íntimamente ligado con el sentido de posesión ( son mis hijos, mis alumnos, mi pareja..) Provoca ira cuando los deseos no se cumplen y cuando la persona quiere ser reconocida por algo y no lo es. El adulto orgulloso exige respeto y esto genera miedo en los niños. El miedo a los padres o maestros es un componente dañino. Si los niños/as asocian respeto con miedo no llegan a comprender el sentido real del respeto, aprender a actuar por miedo a las consecuencias conlleva que  no interiorizan nunca que el respeto es algo que sentimos y hacemos para conservar el bien común, respeto a uno mismo, a los demás y al ambiente que nos rodea. Y deben entender que no respetamos por miedo sino por el placer y la calma que se siente al conservar un ambiente de paz allá donde vivamos. En Montessori no deben aplicarse castigos ni asociar el respeto con la autoridad.

 

El orgullo se manifiesta  a través de las tres E:

  • Extensión: Cuando el adulto piensa en el niño como una prolongación de sí mismo, no lo reconocer como un ser independiente.
  • Expectativas: Lo que el adulto espera del niño. Hay un montón de expectativas hacia los niños incluso antes de que nazcan, esto crea muchos problemas.
  • Explotación: Cuando el adulto pone sus deseos sobre el niño y le obliga a hacer cosas que el niño no quiere pero el adulto piensa que son buenas para él, como hacer determinadas actividades extra escolares. El adulto que explota a un niño es un tirano. (definición de tirano, que abusa de su poder, superioridad o fuerza y domina a otras personas)

Podemos clasificar en 3 tipos de adulto en lo referente a la autoridad:

  • Adulto autoritario: Es aquel que impone su autoridad desde afuera sin tener en cuenta los deseos del niño. Suele ser un adulto tirano porque explota a los niños.
  • Adulto autoritativo: Promueve la autodisciplina del niño y está atento a sus necesidades de desarrollo. Reconoce que el niño es un ser en sí mismo con su guía interna. Es el modelo que seguimos en Montessori.
  • Adulto permisivo: Deja que el niño de rienda suelta a sus impulsos incontrolables causando daño a sí mismo y a los demás. El niño reconoce que no hay límites.

La ira viene de la ignorancia sobre las necesidades del niño. Cuando el adulto no conoce las necesidades evolutivas de los niños que le rodean se enfada cuando ve que hacen cosas que él no entiende, y le parece que están haciendo barbaridades cuando simplemente están siguiendo su propio desarrollo. Debemos estar muy conscientes de esto para manejar nuestra ira con los niños.

 

Preparación práctica de la guía

Lo siguiente nos sirve tanto si vamos a trabajar como guías Montessori, como mamás de día o con nuestros propios hijos si queremos aplicar Montessori en el hogar.

La guía:

  • Conoce todo el material y la forma de mostrárselo al niño. (Las presentaciones)
  • Sabe respetar y alentar las repeticiones que hace el niño.
  • No corrige al niño. Lo que no está listo para ver no lo ve, y lo que no está listo para hacer no lo hace, no sirve de nada corregirlo.
  • Sabe poner los límites del ambiente para que los niños se sientan seguros.
  • Se enfoca en el respeto a las personas y los materiales dentro del ambiente.
  • Se comporta como un modelo a seguir.
  • No da premios ni castigos.
  • Observa al niño todos los días.
  • Custodia la concentración del niño, no le interrumpe cuando está haciendo algo, ni deja que los demás lo hagan.
  • Sabe intervenir sin interferir.
  • Sabe manejar conflictos.
  • Sabe seguir al niño.
  • Mantiene el ambiente limpio, ordenado y sencillo; y ella misma se muestra limpia y sencilla.
  • Su voz es amistosa y gentil pero cuando es necesario autoritativa.
  • Permite al niño la libre elección de su trabajo, puesto que sólo a través de observar lo que elige puede darse cuenta en qué periodo sensitivo está.

“Somos los guías para estos viajeros haciendo su entrada en el mundo intelectual y les ayudamos a evitar desperdiciar su tiempo y fuerzas en asuntos inútiles” Montessori, María. The discovery of the child, p. 166

La guía Montessori llegará a la madurez de su trabajo cuando en su ambiente los niños trabajen como si ella no existiera. Primero prepara, mantiene y enriquece el ambiente, después vincula al niño con éste y le invita a usarlo para después retirarse cuando ve el momento adecuado, siempre estando cerca por si el niño le pide ayuda.

“Esto es entonces el primer deber de un educador: sacar adelante la vida y después dejarla libre para desarrollarse” Montessori, María. The discovery of the child, p. 113

Me gustaría terminar con unas palabras de Rebeca Wild que resumen muy bien todo lo que he querido expresar:

“No hay nadie que se porte mal que se sienta bien y nadie que se sienta bien y se porte mal. Nuestra tarea de educadores no es pues la de “predicar el bien”, sino de vivirlo, de ser modelo de respeto y de tomar contacto con nuestra propia capacidad de amar, de aprender a sentirnos bien para así portarnos bien, ya que los padres somos el primer ambiente preparado para los niños. A partir de esta realidad podemos crear condiciones adecuadas en las cuales los niños se sientan bien, se sientan respetados y no tengan que ocultar sus necesidades.” Wild, Rebeca. La moral en el niño. Quito, Fundación educativa Pestalozzi, Boletín nº 16, Junio 1991.

Por Meritxell Blasco Pardos

 Guía Montessori para niños de 3 a 6 años. Formación AMI y psicología.

La responsabilidad es la capacidad de asumir las consecuencias de las acciones y decisiones buscando el bien común (el propio y el de los demás).

Uno de los objetivos en la crianza es que los niños y niñas alcancen la capacidad de ser independientes, de valerse por sí mismos, de tomar decisiones y de hacer uso de su libertad desde el conocimiento de sus posibilidades; esto es un proceso largo que se inicia en la familia y que el niño/a va poniendo en práctica en todos los ambientes sociales.

Los niños/as deben aprender a aceptar las consecuencias de lo que hacen y dicen, y de hecho, nos damos cuenta, que cuando un niño actúa de forma responsable siente satisfacción y esto favorece su autoestima.

 

Torre rosa Montessori

 

Algunas pautas.

En los primeros años las actividades tienen que ir siempre asociadas al juego, para los niños de 1 a 5 años ayudar en las tareas de la casa es un juego y lo van a querer hacer con mucho gusto. Este aprendizaje a través del juego y de la imitación de los adultos se transformará en un hábito.

Cuando el niño ya es más mayor y queremos darle más responsabilidades en el hogar hay que tener algunas ideas claras:

  1. Conviene que cada miembro de la familia tenga muy claras sus responsabilidades, incluso se pueden escribir y pegar en un corcho. Cada uno debe tener muy claro qué hacer, cómo y cuándo para que entre todos haya colaboración en las tareas de la casa. Es muy importante educar tanto a los niños como a las niñas que las tareas de la casa son responsabilidad de todos los que vivimos en ella, en la medida de nuestras posibilidades en cuanto a tiempos y edades.
  2. Es preciso que haya coherencia entre lo que va a exigir el padre y la madre. Tienen que estar de acuerdo para que no haya discrepancias y que no tengamos que escuchar de los niños: “mamá me deja..”
  3. No exigir a los niños cosas que nosotros como adultos no hacemos, por ejemplo, quitarse los zapatos al entrar en casa, lavarse las manos antes de comer, lavarse los dientes, etc. Recordar siempre que los niños aprenden por imitación.
  4. La paciencia y la tolerancia son actitudes imprescindibles que deben mostrar los padres hacia sus hijos para que éstos crezcan responsables. Hay que tener en cuenta que los errores son parte de la vida y del aprendizaje y no siempre ni los niños ni los adultos hacemos las tareas perfectas.
  5. No hagas lo que tu hijo/a es capaz de hacer por sí mismo, al menos no de forma habitual, eso no quiere decir que algún día quieras hacerle algo porque se encuentra mal o porque te lo pide, ya que así también enseñamos a ser amables y a hacer favores cuando el otro lo necesita.

 

¿Cómo hacer que mi hijo haga cada vez más cosas en casa y se empiece a responsabilizar de algunas tareas?

Lo primero, confiar en él, hacerle saber que está capacitado para hacer la tarea, darle seguridad, reforzar que puede hacerlo con frases como: “Te va a salir súper bien”, “Tú puedes hacerlo”, “Yo te veo muy preparado para hacer eso”. etc.

Después, explicarle claramente qué deseamos que haga, y por supuesto, evitar mensajes del tipo: “Ya lo hago yo porque lo hago más rápido o porque lo vas a hacer mal, etc..” Con estos mensajes desvalorizamos al niño/a , eliminamos su motivación y bajamos su autoestima. Recordemos que la autoestima se refuerza cuando el ser humano se siente útil y capaz de vivir en su medio, para los niños es igual, se sienten más valiosos cuando perciben que son capaces de aportar algo en el medio en el que viven.

Hay un gran tema, propio de otro post, pero que voy a mencionar, es la capacidad de elegir entre varias alternativas. Elegir siempre conlleva un compromiso por la opción elegida y un riesgo a equivocarse. Es muy positivo que los niños/as empiecen pronto a poder elegir sus cosas para que aprendan a comprometerse con su elección y a asumir el riesgo a equivocarse y a experimentar las consecuencias naturales de sus actos. Al principio, desde los 3 años podemos darles dos opciones y que elija una , por ejemplo, darle a elegir entre dos camisetas, o dos pantalones, si quieren ir al parque o a pasear con el patín, etc. Conforme van creciendo podemos dejarles elegir entre todas las opciones pero siempre haciéndoles ver que se comprometen con lo que eligen y que pueden equivocarse. Es muy importante que aprendan a tomar decisiones, porque la vida está llena de ellas.

Cuando está haciendo una tarea podemos estar atentos por si necesita ayuda y por supuesto, reforzar con mensajes positivos cuando la hace. A todos nos gusta que nos valoren cuando hacemos algo bien y cuando nos hemos esforzado, no somos piedras y nuestros hijos tampoco, a ellos, como a nosotros, les encanta escuchar palabras de aliento y confianza por parte de los demás. No me refiero a reforzar con algo material pero sí a decirle con sinceridad  un “muy bien” “estoy orgullosa de ti” o cualquier otra frase.

 

¿Qué podemos esperar según su momento evolutivo?

A modo de orientación y teniendo en cuenta las distintas etapas de desarrollo, podemos señalar las siguientes características:

 

A los 2 años:

Pueden hacer ya algunas tareas pero aún no comprenden si lo hacen de forma correcta porque no tienen autocontrol y no tienen la voluntad desarrollada. Puede guardar sus zapatillas, su pijama, llevar su pañal a la basura (ésto incluso antes), poner y quitar la mesa, regar plantas y flores, recoger sus juguetes con ayuda del adulto, es decir, viendo como mamá o papá también recogen. Se pueden desvestir solos y vestirse con ayuda. Comen solos.

Necesitan orden y rutinas en su vida. Imitan a los adultos y colaboran con ellos.

 

A los 3 años:

Siguen observando e imitando al adulto.

Pueden vestirse y desvestirse solos o con algo de ayuda. Comen con completa autonomía. Empiezan a querer jugar con sus iguales y aceptan los turnos de juego, aunque no siempre los respetan. Comienzan a comprender que hay normas y reglas para hacer las tareas de la casa. Puede poner y quitar la mesa y ayudar en el cuidado de los animales domésticos.

 

A los 4 años:

Tienen deseos de gustar y servir, y suelen tener iniciativas responsables dentro de las tareas de la casa. Es bueno crear rutinas para que después, cuando ya no tengan este deseo de agradar, hayan adquirido hábitos como poner y quitar la mesa, fregar su plato, recoger juguetes, vestirse y calzarse, lavarse manos y dientes, o cualquier otra actividad del cuidado de uno mismo y del ambiente que consideremos que pueden hacer.

En cuanto a la relación con sus iguales, juega con otros y tiene iniciativas, le gusta mandar y proteger a sus hermanos menores. Le gustan los juegos simbólicos y de imitación. Entiende y respeta las reglas sencillas de los juegos.

 

A los 5 años:

Si no lo hemos hecho antes ya conviene dejarle elegir entre varias opciones en temas como ropa, comida, salir a jugar, etc.

Pueden ser responsables de tareas domésticas como limpiar el polvo, fregar los platos, recoger la mesa, prepararse su ropa y su mochila, buscar las cosas que necesita para hacer una actividad, etc.

Ya empiezan a interiorizar las normas y a cumplirlas aunque también empiezan a rebelarse frente a las presiones de los adultos en temas de disciplina y normas sociales.

 

A los 6-7 años:

Son capaces de saber cómo quieren vestirse y es positivo que les permitamos elegir su ropa. Pueden ducharse solos, con la ayuda de lavar el pelo. Les cuesta un poco tener sus cosas ordenadas y cuidarlas y aún las pierden o las rompen. Son autónomos en los desplazamientos conocidos y les encanta ir a la calle a cumplir recados, ya dependerá de donde vivimos para permitirle ir, por ejemplo, a comprar el pan, leche, al kiosko, sacar la basura, etc. Pueden controlar su dinero, ahorrándolo para después comprar algo que les guste.

En cuanto a sus iguales juegan en grupos de 3 o mas, normalmente del mismo sexo. Acusan a sus compañeros cuando hacen algo mal pero son muy amigos de sus amigos y se sienten mal si les engañan o mienten. No suelen aceptar perder en los juegos colectivos y algunos hacen trampas.

Suelen pensar que los adultos son injustos con ellos cuando les llaman la atención por algo porque son muy sensibles a la crítica. Van adquiriendo la noción de justicia y comprendiendo las normas morales.

 

A los 8 años:

Comienza la autonomía personal y puede controlar sus impulsos. Es capaz de organizarse en la distribución del tiempo, del dinero y de los juegos, aunque todavía necesita supervisión. Se les puede dar algunas responsabilidades diarias como prepararse el desayuno, ir sólo al colegio, ducharse, etc.

Es capaz de prever las consecuencias de sus actos y sabe cómo actuar en situaciones habituales de su vida. En estos momentos se hace aún más decisiva la actuación de las personas adultas, ya que, si ejercen una presión muy autoritaria hacia el niño, éste se hace dependiente, sumiso y falto de iniciativa. Si, por el contrario, son adultos muy permisivos, el niño se convertirá en una persona caprichosa e irresponsable. Así pues, se hace imprescindible una actitud que favorezca la iniciativa y mantenga la exigencia.

 

Entre los 9 y los 11 años:

Ya es bastante autónomo en sus intenciones, y por lo tanto, en su responsabilidad. Le gusta tomar decisiones y oponerse al adulto con cierta rigidez. Es capaz de elegir con criterios personales y se vuelve un poco exigente, estricto y riguroso. Le gusta que le dejen decidir por sí mismo y tiene necesidad de afianzar su yo frente a los demás, de ahí su resistencia a hacer lo que le piden los adultos y su afán de mandar a otros niños menores. Conoce sus posibilidades, decide y reflexiona antes de obrar, aprende de las consecuencias y se siente atraído por los valores morales de justicia, igualdad, sinceridad y bondad. Reconoce lo que hace mal, pero siempre busca excusas. Se identifica mucho con su grupo de amigos.

 

A los 12 años:

La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran parte por ellos. Los hermanos/as mayores tienen también gran influencia, más que los padres. Es una etapa en la que la crítica hacia padres y profesores es frecuente, no le gusta que le traten de forma autoritaria, como a un niño; reclama autonomía en todas sus decisiones.

Necesita tener amigos y confiar en ellos, es leal al grupo y su moral es la de sus iguales, a los que imita en la forma de vestir, en los juegos, aficiones, etc. Tiene sentido de responsabilidad y trata de cumplir sus obligaciones. Su comportamiento es mejor fuera del entorno familiar.

 

A modo de conclusión:

La responsabilidad se adquiere y se desarrolla de forma progresiva, la capacidad de actuar de forma responsable depende de cada persona y del ambiente que le rodea (familia, escuela, barrio, etc.), todo ello conlleva que existan ritmos distintos en cada niño y niña, por lo tanto, será difícil encontrar niños/as que con la misma edad tengan conductas similares, algunos tendrán más desarrollados unos aspectos y otros menos. Estas fases descritas no deben entenderse de forma estricta sino sólo a modo de referencia.

Educar en la responsabilidad no es tarea fácil pero merece la pena para que nuestros hijos/as lleguen a ser adultos responsables de sus vidas, que sean personas proactivas capaces de tomar iniciativas y que sean los capitanes de su vidas.

 

Técnica Montessori para conocer y no juzgar a los niños.

 

Observar es ver detalladamente, es la capacidad de ver, captar, conocer y descubrir el comportamiento y las actitudes de los niños y niñas. Si queremos descubrir la esencia del niño necesitamos observarle.

La observación es la capacidad de estar aquí y ahora, en el presente. Necesitamos tener silencio en la mente, silencio de ideas preconcebidas que modifican la observación, así que, necesitamos una preparación mental y espiritual para saber observar  a los niños. Hay veces que nos quedamos mirando a un grupo de niños en un parque y pensamos en observarles, pero por unas causas u otras metemos nuestros juicios continuamente. Observar no es eso, es desnudar nuestra mente de juicios y ver qué ocurre en el presente, anotando todo lo que vemos de forma objetiva. Es una técnica súper valiosa. Es importante tener un interés real a la hora de observar.

La observación es la técnica que utilizó María Montessori para desarrollar todos sus materiales y sus principios y para llegar a entender las necesidades de los niños y niñas en sus distintas etapas de desarrollo.

¿Cómo observar a los niños y niñas siguiendo esta técnica?

 

Se trata de sentarse en un lugar donde no se interfiera la acción del niño o grupo de niños e ir anotando todo lo haga en tiempo presente y sin emitir juicios, solo describir y anotar sus acciones segundo a segundo. No escribimos lo que pensamos o sentimos, sólo lo que vemos.

Lo ideal es tener un cuaderno de observación en el que iremos escribiendo todas las observaciones que hagamos, ya que si queremos conocer el comportamiento de un niño o niña necesitamos varios registros.

Los elementos que debemos anotar en nuestra hoja de observación son: fecha, hora, lugar, clima, estado físico  en el que nos encontramos, estado de ánimo y hora de finalización. Antes de empezar hacemos una descripción breve del lugar, anotando el número de adultos y de niños o niñas y el motivo de la observación. Al final de la misma se puede escribir una breve interpretación diciendo cómo me he sentido u otro tipo de comentarios que se consideren importantes.

 

Observación de la interacción de un niño con otro en las miniaturas de Safari.

 

Ejemplo de formato de observación:

Nº de observación:          Observador:

Tema:

Fecha:

Hora:

Lugar:

Clima:

Estado físico:

Estado de ánimo:

Descripción inicial del lugar, con número de adultos y niños:

Observación:

Hora de fin:

Interpretación:

Para poder llevar a cabo esta técnica antes hay que hacer un entrenamiento personal siguiendo una secuencia de observaciones, primero observar objetos inanimados, luego plantas, animales y por último seres humanos. Hay que hacer antes estos ejercicios para practicar y estar completamente preparados para saber observar sin emitir juicios. Y tener siempre presente que para conocer las características de lo que estamos observando tenemos que tener un número suficiente y variado de observaciones, en momentos y actividades diferentes de la vida del niño. Siempre observar de manera amorosa, respetuosa y consciente, con interés por conocer lo que voy a observar, de forma responsable, objetiva y exacta.

¿Para qué observamos a los niños/as?

 

Les observamos para entender cuáles son sus necesidades y poder responder a éstas. Para saber cuándo llevan a cabo ciertas acciones de su desarrollo. Para poder preparar un ambiente adecuado para que el niño se pueda desarrollar de forma adecuada.

Observamos:

  • La capacidad física del niño/a, su habilidad motora fina y gruesa.
  • El nivel cognitivo del niño, su desarrollo intelectual.
  • El desarrollo del lenguaje.
  • El desarrollo social y emocional. Reacciones del niño frente a situaciones de estrés.
  • Sus patrones de sueño. Podemos observarle mientras duerme.
  • Sus patrones de alimentación.
  • El movimiento de sus manos.

 

Herramientas que deben tener las maestras y guías en sus ambientes.

 

  • Tablas de observación.
  • Deben llevar siempre en el bolsillo papel y lápiz para anotar cualquier cosa que les llame la atención. Deben anotar de manera clara y rápida sus observaciones.
  • Deben observar el material que el niño elige, las veces que lo repite y la concentración que alcanza con dicho material. A través de ésto sabrá en qué periodo sensitivo está el niño.
  • Calma, tranquilidad, comprensión y conocimiento. El conocimiento es lo que les va a dar la calma y la tranquilidad porque saben lo que están haciendo.
  • Pueden empezar observando media hora, luego una hora, hora y media, hasta llegar a las 2 horas que es el tiempo adecuado para una observación.
  • En cada sesión se observa un aspecto, sueño, lenguaje, alimentación, movimiento, etc.
  • Hay observaciones en casa y en el aula.
  • Necesitan tener observaciones ordenadas de varios periodos del niño, frecuentes y continúas, para poder llegar a conclusiones. Esta conclusión nunca será un diagnóstico del niño, son informaciones que tiene la maestra para conocer mejor al niño y poder ayudar a los padres y al niño en momentos determinados.

 

Os pongo un ejemplo, totalmente inventado, de lo que sería observar de forma correcta y lo que sería narrar haciendo interpretaciones, lo cual no sería correcto.

 

Observar:

“El niño camina con un trapo en la mano, lo deja en su lugar, va a una mesa y coge un libro, lo deja, camina. Va a las alfombras, coge una y la pone en el suelo, coge una mesa auxiliar y la coloca en la esquina de la alfombra…”

Narrar:

“María coge el marco de vestir y lo trabaja correctamente (juicio), la niña del binomio lo guarda y busca otro material ( interpretación, no sabemos si busca un material). José coge el tablero de los puntos y lo trabaja muy bien (juicio). A pesar de que la guía no está, el grupo se portó bien...(interpretación y juicio)

Espero que esta entrada os sea de utilidad y podáis utilizar esta técnica tan valiosa y respetuosa con vuestros alumnos y alumnas.

 

Los conflictos son inherentes a la vida, el problema no es tener conflictos sino no saber
resolverlos.

En las escuelas se enseñan muchas cosas pero hay carencias en muchas áreas que son
sencillamente imprescindibles para aprender a vivir y vivir bien, como educación
sexual, financiera y resolución de conflictos entre muchas otras (alimentacion, valores,
ecología, educación emocional, habilidades sociales, etc…) Es muy importante que los
niños entiendan que problemas siempre van a tener, que aprendan a verlos como
oportunidades y darles herramientas para resolverlos.

Todos nos damos cuenta como en las escuelas hay cada vez más problemas de
comportamiento y de relación entre los niños, y somos conscientes que tenemos que
tomar medidas para prevenir y tratar esta situación, no podemos cerrar los ojos y dejar
pasar las cosas que ocurren porque se agravarán. En este post propongo una técnica de
resolución de conflictos muy efectiva y que se utiliza también en otros ámbitos: la
mediación.

Láminas anti bullying

 

La mediación escolar es un proceso en el que una persona imparcial, el mediador,
facilita las condiciones para que los niños que han vivido un conflicto tengan la
oportunidad de analizar distintos puntos de vista y llegar a un acuerdo satisfactorio, sin
recibir ninguna presión.

Cuando en un centro se decide emplear esta técnica hay que formar al profesorado y a
los alumnos que formarán parte del grupo de mediadores. Es muy útil y genera
resultados muy satisfactorios cuando es un alumno el que media entre otros dos porque
lo perciben más cercano y actúa como modelo.

¿En qué situaciones se puede mediar? Cuando un conflicto no lo puedan solucionar
ambas partes por sí mismas se solicita la figura del mediador, que como ya he dicho
será un profesor o alumno formado en mediación. Los conflictos más frecuentes en los
que se utiliza la mediación son: faltas de respeto, insultos, amenazas, peleas, amistades
deterioradas y agresiones físicas. Se puede mediar tanto entre alumnos, como alumno-
profesor, padres-profesor.

Las fases en un proceso de mediación son:

1. Presentación: Se explica cómo se va a realizar y se crea confianza en ambas
partes.
2. Cuéntame: Cada persona cuenta su versión de la situación y expresan como se
han sentido.
3. Aclarar el problema: El mediador identifica y verbaliza en qué ha consistido el
conflicto y los intereses de ambas partes.
4. Proponer soluciones: Se buscan posibles vías de solución y se llega a un acuerdo.

Para poner en marcha un servicio de mediación en un centro educativo, se necesita que
la mayoría esté de acuerdo, que exista un coordinador del proyecto y formar a los
profesores y alumnos que serán mediadores.

Personalmente, me parece un recurso excelente para solucionar conflictos en un centro
escolar, porque además de llegar a acuerdos positivos para ambas partes enseñamos a
los niños una forma de comunicación y de relación positiva. Si no se pone en marcha
un recurso como la mediación, al menos, en los centros escolares tendría que haber un
grupo formado por profesores, alumnos y padres encargados de la resolución de
conflictos, que se encargaran de cualquier problema que ocurra en el centro. Es
necesaria esta herramienta en la actualidad, no podemos dejar a los niños desprotegidos,
les gusta y necesitan sentirse atendidos y escuchados, sus emociones y conductas a veces se
desbordan, al igual que las de los adultos. Lo que aprendemos en la infancia nos va a
acompañar el resto de nuestras vidas, y durante toda nuestra vida vamos a tener
relaciones interpersonales.

Ponte en mi lugar

Los hay, debe haberlos, ya que hay tantos niños víctimas de maltrato y de abandono físico y psicológico. Si lo que les ocurre a algunos niños le ocurriera a alguna mujer diríamos que es violencia de género y debe abandonar al maltratador porque es obvio que no la quiere ni la respeta, pero qué pasa cuando les ocurre  a los niños? ¿Los padres sí le quieren? ¿le respetan? ¿Debe también abandonarlos? Esta claro que no pueden ni quieren porque siguen unidos a ellos, pero aunque los hijos sean ya personas adultas suelen seguir unidos  a la familia porque se supone que los padres siempre quieren a sus hijos, pero perdonad mi opinión, no es siempre así, es tan doloroso sólo el pensarlo que es uno de esos temas tabú que casi nadie se atreve a abordar.

Algunos padres demuestran su falta de amor golpeando a sus hijos,  insultando, menospreciando, pero no hace falta llegar tan lejos, también se demuestra el desamor abandonando, no importándoles lo que les pasa, no cuidando, no estando ahí, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imagen encontrada en un muro de Lamas (selva de Perú)

 

¿Y los hijos quieren a sus padres? Pues en principio sí, los necesitan al nacer y los necesitan para sobrevivir, por eso van a perdonar cualquier tipo de relación tóxica y de abuso que ejerzan sus padres sobre ellos, les aman de forma incondicional, están unidos a ellos desde lo más profundo, y esto lo saben todos los padres. ¿Os habéis dado cuenta que normalmente las palabras más feas que recibe un niño es por parte de su padre o madre? Los padres siempre atentos a que nadie diga nada negativo a sus hijos y luego en un arrebato de ira y pérdida de paciencia se dejan llevar por las emociones desbordadas y les dicen a sus hijos cosas horribles, ¿os suena? ¿Esto es querer y respetar a un hijo?  Si ocurre de forma esporádica vamos a entenderlo como una pérdida de paciencia ocasional, pero si ocurre de forma habitual hay que ponerse a pensar qué está pasando con esa relación o con esas emociones desbordadas por parte del padre o madre. Cuando un niño recibe este tipo de tratos nadie se entera y la vida sigue para ese niño que cada vez tiene la autoestima más baja y la rabia interna más alta. Cuando este niño crezca seguramente repetirá patrones y será culpado de insensible y de tratar mal a sus padres.

 

¿Qué suele ocurrir con niños y niñas que han sentido abandono emocional porque sus padres no han estado presentes ni física ni emocionalmente? Padres que han estado tan ocupados en sus propios problemas emocionales que no les ha importado lo que les ocurría a sus hijos y si además de forma habitual les recriminaban conductas tipo: no sabes estudiar, eres torpe, eres tonto, eres inútil,  nadie te va a querer, te vas a quedar solo/a, papá/mamá no te va a querer si haces eso…¿os suena? Pues estos niños y niñas suelen necesita tanto amor para respirar, para crecer, para sobrevivir, que aprenden a mendigarlo. Por un lado quieren conservar su individualidad porque suelen ser niños muy sensitivos y con una personalidad especial, pero saben que es precisamente esa forma de ser la que enfada a sus padres y tapan esas cualidades y se muestran sumisos, quieren ser buenos para que los acepten y les amen, suelen mostrarse muy obedientes en algunos momentos y hacen todo lo que se les pide , pero cuidado cuando llegan a la adolescencia, momento de sanar, segunda oportunidad para ser fiel a uno mismo. Ese niño que aprendió a ser sumiso, bueno y obediente para que le amaran se vuelve rebelde e insolente, seguramente empiece a odiar a alguno de sus padres o a los dos, y en ese proceso sanará. Tendrá que cortar el cordón que les une y aprender a ser él mismo, pero muchos no lo logran.

Todos necesitamos la aceptación y unión con nuestro clan

Si no lo logran en la adolescencia buscarán, de forma inconsciente, parejas con la que tienen que seguir mendigando amor, y normalmente, con ese gran maestro que es la pareja, empezarán a entender lo que ocurre y puede que se hagan conscientes de todo y sanen su niño herido.

No se puede generalizar, pero suele ocurrir que los niños no queridos, no valorados ni respetados por sus padres son niños que nacen con algunas cualidades distintas a las admitidas en ese clan familiar, desde pequeños se les ve raros o molestos  y se les intenta modelar pero no se consigue tan fácilmente porque los niños siguen su maestro interno  y son fieles a lo que sienten, entonces empiezan los insultos y las faltas de respeto por ese hijo/a que no es como se había esperado y ese niño empieza a sufrir y a intentar cambiar su esencia porque piensa que no es bueno. Seguramente este niño tendrá problemas con sus padres en su etapa adulta y sus padres se seguirán quejando de él. ¿Creéis que los niños tratados con amor y respeto desde su nacimiento, con atención continua y amorosa de mayores se portan mal con sus padres? Creo que no.

No quiero escribir un post para culpabilizar a los padres pero sí quiero hacer una llamada de atención a todos los que somos padres y madres, cuidado con lo que decimos y hacemos, a veces somos nosotros los que peor tratamos a nuestros hijos. Padres demasiado ocupados en sus trabajos, en sus relaciones deterioradas de pareja, en sus engaños amorosos..a montones..y así, en ese bucle de problemas los que pagan el pato suelen ser los hijos.

Aún así, los niños tienen esa capacidad de vivir el presente y de amar de forma incondicional. Felices los niños y los locos porque son capaces de ser fieles a sí mismos y cambiarán el mundo.


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