Los niños saben muy bien lo que les gusta hacer en cada momento, es cierto que se aburren muchas veces pero enseguida vuelven a encauzar su juego. No hay juegos para una determinada edad, todos pueden ser aptos para cualquier edad porque los usan siguiendo un fin. Podemos ver perfectamente a un niño de 12 años jugando con muñecos a inventarse historias, que suelen estar relacionadas con las cosas que vive y ve, en la realidad o en alguna pantalla.

Durante los momentos de juego es normal que los niños hablen en voz alta, relatando sus historias, pueden ser diálogos de sus personajes, puede ser que guía los pasos del juego como dándose instrucciones o puede que esté hablando con alguien imaginario. En cualquier caso es muy positivo que haga esto.

El juego simbólico que realiza el niño con muñecos es terapéutico, si además verbaliza lo que está pasando aún lo es más. Existe un tipo de terapia infantil que se llama Terapia de juego (dentro de la corriente psicológica Gestalt), en esta terapia al niño se le dan muñecos y se le pide que cuente historias, también se utilizan dibujos, visualizaciones, arcilla o barro y otras manualidades, pero me gusta nombrar el juego con muñecos porque es precisamente lo que hacen los niños en casa. No debemos nunca cortar este tipo de juegos.

Tanto en terapia de juego como en casa con sus propios muñecos el niño va a proyectar sobre éstos lo que está viviendo y sintiendo, si tiene estrés o ira contenida la va a sacar, si quiere expresar algo lo hará por medio de uno de sus personajes, esto se traduce en salud mental, como decía Shrek “más vale fuera que dentro”.

Cuando les vemos jugar podemos acercarnos y sentarnos silenciosamente a leer u otra actividad pero sin decirles nada. Podemos observar y escuchar lo que dice, a qué juega, cuáles son sus personajes y seguramente entenderemos muchas cosas. Puede ser que veamos reflejada alguna situación negativa que ha vivido el niño últimamente. No hace falta preguntarle por el juego, el mero hecho de jugar y expresar ya sana cualquier emoción o proceso por el que esté pasando.

Cuando el niño se habla para guiar sus pasos, se da instrucciones en voz alta, está favoreciendo su orden mental y su autocontrol, se está guiando a sí mismo, y por tanto, es muy positivo. Esto lo siguen haciendo muchos adultos.

Otra escena menos común que las dos anteriores pero no por ello extraña ni negativa, son los niños que hablan con “amigos invisibles o imaginarios”. Son compañeros de juego y de vida para el niño, es un proceso que se da entre los 2 y 9 años. El niño suele crear a estos amigos en momentos que se siente solo, con él puede controlar las situaciones porque le pone voz y controla lo que ocurre. Puede estar sanando situaciones que ha vivido con sus amigos reales.  Su amigo imaginario le acompaña en su crecimiento y desarrollo.

No hay que tomarlo como algo extraño ni hace falta hablar con el niño, simplemente si queremos saber algo más de lo que pasa por su cabecita podemos estar cerca y observarle, igual que en el juego simbólico. Os recuerdo lo poderosa que es la técnica de la observación con los niños, os dejo un link por si queréis leer más sobre este tema. 

Si el niño nos cuenta algo sobre su amigo imaginario simplemente tenemos que escucharle y si tenemos alguna duda preguntarle pero nunca reñirle ni avergonzarle. Tomar ese momento como una ayuda más para conocer el mundo interno de nuestro hijo, nos va a dar muchas pistas sobre lo que nuestro hijo necesita.

Y por último, recordad que los niños tienen un periodo sensible del lenguaje, aquí os dejamos el link de un post que escribimos sobre esto hace un tiempo,  cuya cumbre es a los 2 años, pero se va enriqueciendo durante toda su infancia, por tanto quieren hablar todo el rato, lo necesitan para practicar, para aprender, como cualquier aprendizaje cuanto más lo repitan mejor lo harán y ellos lo sabe. Si se hablan en voz alta mientras juegan es una señal que están aprendiendo.

Los niños son maravillosos y saben lo que necesitan en cada momento, cuanto más tiempo estén en contacto con su guía interno mejor, ojalá toda su vida.

 

Por Meritxell Blasco Pardos

 Guía Montessori para niños de 3 a 6 años. Formación AMI y psicología


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