María Montessori utilizó el término Periodos Sensitivos en la educación, como momentos por los que pasa el niño en los que tiene más predisposición hacia determinados aprendizajes o experiencias. Uno de ellos es el periodo sensitivo del orden, que está activo de los 0 a los 6 años teniendo su cúspide a los 2.

Durante este periodo el niño está interesado por ordenar todo lo que hay a su alrededor y así organiza su estructura mental. Tiene una especial sensibilidad hacia el orden en el que se encuentran los objetos que le rodean y podréis observar cómo en torno a los 2 años tiene reacciones exageradas que como adultos no entendéis, muchas de estas reacciones tienen que ver con el orden que necesitan. Os pongo un ejemplo súper gráfico. Un día iba en el coche con mi hijo, que tenía entonces 2 años y medio. Era un momento de rutina en el cual todos los días a esa hora llegábamos a casa y yo dejaba el coche en el garaje. Ese día los planes cambiaron y dejé el coche en la acera del patio porque íbamos a subir a casa a coger unas cosas para bajar enseguida al coche y volver  a irnos. Mi hijo tenía en su cabeza la rutina de todas las tardes, así que cuando vio que no íbamos al garaje empezó a decirme un poco molesto que fuéramos, yo le expliqué lo que íbamos a hacer pero no lo entendía y empezó a llorar muy enfadado. Estaba acostumbrado a esa rutina y la necesitaba, era lo predecible en su día a día.

Seguro que  has vivido situaciones similares con tus hijos. Seguro, también, que notan cada vez que cambias un objeto de sitio en casa y te exigen que lo pongas donde estaba. Este orden les da seguridad y confianza.

Vamos a hablar entonces de este orden tan necesario en las vidas de los niños, tanto a nivel externo como interno. El orden es la base sobre la cual se sostiene el Universo, todo funciona de forma perfecta a nivel cósmico y esto nos involucra a los seres humanos, nacemos dentro de este orden y eso da estabilidad a nuestra vida.

Cuando nace un bebé necesita un ambiente ordenado, necesita sentir que su día a día es parecido, duerme y come casi siempre a la misma hora, necesita una figura de referencia con la que establecer un apego seguro, normalmente la madre, que le de orientación, dirección y estabilidad a su vida emocional. El bebé requiere de una presencia continua “predecible”, esto va a permitir que establezca un vínculo seguro con su madre o cuidador principal y posteriormente con el resto de relaciones íntimas. Una madre predecible es aquella que genera siempre las mismas rutinas, que está siempre disponible cuando el bebé la necesita y que crea esa sensación de seguridad tan importante en el desarrollo socio-afectivo del bebé. 

Así pues, los factores principales para generar esté vínculo seguro son: lactancia materna a demanda, contacto físico amoroso continuo y un ambiente adecuado  a las necesidades del bebé. Con estas rutinas diarias y esta presencia amorosa continua el bebé aprende a clasificar lo que va sintiendo y le permite hacer predicciones sobre lo que ocurre en su entorno, esto le genera un sentido de confianza y seguridad, así siente que también el mundo es un lugar seguro.

Por tanto, niños criados de forma estable y con un adulto de referencia amoroso siempre disponible, van a  ser adultos más confiados y más independientes. No pensemos que si a un niño de los 0 a los 6 años le dejamos que se gestione él sólo sus emociones y conflictos va a ser un adulto más independiente, sino todo lo contrario, será un adulto inseguro que no confía en el mundo, ya que sus experiencias tempranas han sido inseguras.

Además de este orden emocional o interno, el bebé conforme crece necesita también un orden externo. Me refiero al orden en el hogar, habitaciones limpias y recogidas, camas hechas, objetos en su lugar, suelos despejados, librerías y mesas ordenadas, cocinas ordenadas y limpias, etc. No quiero parecer exagerada ni maniática del orden y la limpieza, pero el orden externo nos genera orden mental que es la base de la creatividad y de la construcción de la mente matemática. Ni un niño ni un adulto se desarrollará de forma óptima en un ambiente desordenado y/o sucio.

En un aula Montessori se les pide a los niños que respeten el orden que encuentran cuando llegan por la mañana. Si cogen un material deben devolverlo a su lugar en perfecto estado para que cuando otro niño lo necesite lo encuentre ahí. Lo mismo debe ocurrir en los hogares. ¿No os molesta ir a coger un objeto en casa y que no esté en su lugar? ¿Y en vuestro lugar de trabajo? Alguien lo ha cogido y lo ha dejado olvidado a saber dónde, así se van olvidando cosas aquí y allá y la casa se convierte en un caos, eso repercute directamente en nuestro estado mental. ¿Hay alguien que le guste vivir en una casa desordenada y sucia? Es algo que va más allá de lo estético, es algo psíquico y mental. Los niños lo absorben todo, por lo tanto, absorben los estados mentales desordenados e inconexos.

En un aula Montessori encontramos material sensorial que está hecho expresamente para que el niño utilice sus sentidos de manera ordenada. Ejercicios y material de vida práctica que también están relacionados con este periodo sensitivo, ya que todos los ejercicios tienen una secuencia y un orden que el niño debe seguir. Tanto los materiales de sensorial como los de vida práctica preparan al niño para las matemáticas. Todos los materiales están ordenados por área y dentro de cada área se colocan siguiendo el orden por el que los niños los utilizan según su edad y momento de desarrollo.

Son aulas ordenadas, limpias y bellas, lugares en los que los niños se sienten seguros y confortables. Y así deberían ser también nuestros hogares, lugares en los que hay orden, belleza y calma. 


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