Durante el Segundo Plano de Desarrollo (la etapa que comprende las edades de 6 a 12 años en Montessori) surge el ser moral. El niño pasa a tener pensamiento abstracto y así pasa a observar el mundo y a las personas a su alrededor de una manera analítica y crítica: desea comprender por qué actuamos como actuamos.

Para muchos adultos, esa etapa es un momento en que el niño es desafiante, contestón, mal educado, impertinente, y es muy común ver surgir conflictos entre el adulto y el niño porque ahora el segundo ya no obedece sin rechistar al primero; él, desea comprender porque tiene que obedecer a lo que le están pidiendo.

  • Surge una transformación en el niño

A cada cambio de etapa dentro de los cuatro planos de desarrollo, el niño sufre una transformación. Algo deja de existir, y algo nuevo aparece en el individuo. Es como una oruga que se transforma en mariposa. Ya no tenemos un niño tierno, que está contento con jugar solo en su habitación, que parece desear trabajar sin parar. Ahora el niño desea conquistar una independencia intelectual del adulto, y para eso se servirá de dos grandes tendencias humanas: la imaginación y el análisis. Si quieres leer más sobre tendencias humanas puedes hacerlo aquí.

Ya sabemos que nuestros hijos nos están siempre observando desde que nacen, que tienen las neuronas espejo a tope y que son capaces de repetir lo que le decimos no solo palabra por palabra sino también el tono de voz. La mente absorbente es maravillosa. Pero ahora que el niño pasó de los 6 años, su mente absorbente desaparece. Surge la mente razonadora. El niño ya no desea más que le ayudemos a hacer por sí mismo. Él desea que le ayudemos a pensar por sí mismo.

Por eso, si antes ya teníamos una responsabilidad tan grande para proporcionar un ambiente preparado seguro, para que nuestro pequeño pudiera desarrollar su independencia física, ahora el desafío que tenemos como padres y educadores es mucho mayor: tenemos que proporcionarle recursos para que nuestro niño piense por sí mismo. No es una tarea fácil. Pero es muy necesaria.

  • El papel del adulto del ser moral

El adulto del niño de 6 a 12 años debe ser informado, tener un bagaje cultural rico (porque el niño de 6 a 12 años está siempre haciendo preguntas) pero también debe tener una sensibilidad para saber guiar al niño de manera que él mismo pueda encontrar sus respuestas.

María Montessori nos dice que el niño de 6 a 12 años explora el terreno de la moral y discrimina el bien del mal. “Él ahora quiere comprender por sus propios medios y no se contenta con aceptar simples hechos” (Montessori, María; La Educación de las Potencialidades Humanas; editorial Montessori-Pierson). La doctora misma nos dice que es una etapa muy difícil porque suelen ser chicos rebeldes y siempre tienen una respuesta a todo lo que le digamos. Es la sed de conocimiento y de comprender el mundo, lo que despierta esa ansia por independencia moral.

A nosotros nos cabe ofrecer a este chico las semillas de interés, como decía la doctora; proporcionar oportunidades para que él descubra y adquiera conocimiento. De ahí que ella nos invita a ofrecer al niño del segundo plano una visión del universo. Pero nunca forzar a aprender lo que queremos que él aprenda; Montessori nos decía que eso no es productivo. “¿Cómo vamos forzar al niño que se interese por algo, si el único interés auténtico es el que surge de su interior?” (Montessori, Maria; La Educación de las Potencialidades Humanas; editorial Montessori-Pierson).

No se trata solo de explicar al niño como ha surgido el sistema solar, la Tierra, las estrellas, los primeros seres vivos, los animales, los primeros homínidos y civilizaciones. Es mucho más que eso. Debemos enseñar a los niños el trabajo realizado por aquellos que han venido antes de nosotros, a los cuales les debemos el haber llegado adonde estamos.

La escuela tradicional muchas veces enseña sobre generales y conquistadores que causaron muerte y destrucción de culturas. Montessori nos invita a enseñar al niño de 6 a 12 años, por ejemplo, que fue gracias al sacrificio de Marie Curie que hoy muchas personas pueden descubrir que están enfermas y buscar una cura. Porque, cuando el niño descubre que alguien antes dedicó su vida para que hoy él y sus familiares tengan salud, lo que despierta en el corazón de ese niño es gratitud y admiración por esa persona, y desear ser como ella para seguir ayudando a la Humanidad.

  • La necesidad del ser moral de salir

El niño de 6 a 12 años necesita salir. Ahora su ambiente preparado no se limita a las cuatro paredes de casa o del colegio. Por eso, nos recuerda la doctora Montessori, son niños con piernas largas, piernas que están preparadas para hacer largas caminatas. Ella nos sugiere el grupo de los Scouts para enseñar a los niños a andar de forma segura en el campo con chicos de su edad. 

En tiempos de pandemia, muchos no podemos ofrecer esa experiencia a nuestros hijos. Pero podemos facilitar ese aprendizaje, permitiendo primero hacer pequeños recados, como ir a la panadería del barrio, por ejemplo, y después aumentando su libertad – y a la vez, su responsabilidad – dejando que organice un paseo a un determinado sitio que requiera tomar el transporte público, permitiendo que el niño estudie el trayecto a realizar, los posibles transbordos, el horario de funcionamiento del local, el precio de la entrada…

Y, cuando llegue el día en que efectivamente realizaremos el paseo, nosotros los adultos estaremos como guardaespaldas, en segundo plano, dejando que nuestro niño sea el protagonista y que haga el camino solo, que pague la entrada, que decida cómo haremos el paseo. A eso, en las escuelas Montessori, llamamos going out o vamos a salir, y es nada menos que la Vida Práctica del niño de 6 a 12 años. Es un gran ejercicio de entrenamiento de ese sentimiento de la moral que surge en esa etapa.

Lo que me gustaría recordar es que, de la misma manera que no debíamos enfadarnos con el niño de 2 o de 3 años cuando rompía un vaso de cristal, ahora no debemos interpretar los cuestionamientos de nuestro chico del Segundo Plano como “me estás desafiando”. Sigamos como el guía que siempre fuimos, orientando, con paciencia y amor, a nuestro hijo en el camino de la formación del hombre o de la mujer que ha venido a ser.

 

Por Alessandra Mosquera

Periodista y asistente de Guía Montessori para las etapas de 3 a 6 y de 6 a 12 años. Autora del blog  Nuestros Momentos Montessori.


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