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Estamos viendo desde hace tiempo como los casos de acoso escolar se disparan, y si
además, eres madre o padre de algún niño de primaria estarás al tanto de algún caso
cercano. Es un tema alarmante porque parece increíble que llevemos a nuestros hijos a
un centro escolar y no sepamos lo que puede ocurrir de puertas adentro. Sí, el acoso
escolar existe y más de lo que imaginamos, al igual que existe la violencia en el resto de
ámbitos y es que los niños son un reflejo de la sociedad, ¿por qué ellos no van a repetir
los mismos comportamientos que ven y que reciben?  La crías de todas las especies
repiten comportamientos que aprenden y los cuales les sirven de adaptación al medio.

Con esta pequeña introducción me gustaría hacer reflexionar sobre el hecho de que los
niños acosadores lo son por algo y que en el fondo, antes han sido víctimas.


¿Qué es y qué no es acoso escolar?
El acoso escolar es una situación reiterada en el tiempo en el que la víctima es
maltratada de forma psicológica o física, puede incluir burlas, humillaciones,
aislamiento, golpes, romperle objetos, zancadillas, patadas, empujones, amenazas y
cualquier otra conducta que le dañe y que si la recibiéramos un adulto sentiríamos un
maltrato.

El acoso no es una pelea puntual entre niños, aunque uno de ellos salga peor parado
porque es más débil, para que sea acoso tiene que repetirse en el tiempo y que uno sea
claramente el que inicia el maltrato. Que sea algo puntual no quier decir que vayamos a
dejarlo sin resolver excusándonos en “son cosas de niños”, nunca son cosas de niños, la
única cosa propia de los niños, porque los adultos perdemos esa capacidad, es jugar y
ser honestos. Ante cualquier problema de violencia entre niños el adulto de referencia
tiene que intervenir, ellos no se autorregulan porque no conocen aún las formas
correctas de resolver conflictos.
En situaciones de acoso tenemos 3 tipos de niños, los acosadores, las víctimas y
los observadores.

Los acosadores suelen ser niños con una baja autoestima que no han tenido una
educación adecuada por parte de sus familias, no necesariamente han tenido que ser
niños maltratados físicamente pero sí que pueden darse casos de niños que reciben
humillaciones, desatención y falta de presencia de los padres, falta de límites, niños que
hacen lo que quieren en todo momento y no tienen el límite de respetar al otro, sin
empatía, sin capacidad para ponerse en el lugar del otro. Niños que no se ven valiosos a
sí mismos y necesitan sentir esa valía abusando de alguien más débil.

Los niños que son víctima del acoso escolar simplemente son distintos. Niños con altas
capacidades que tienen otros intereses y comportamientos distintos, niños con alguna
discapacidad física o psíquica, niños de otras etnias o razas,  gorditos, con gafas y sobre
todo los niños afeminados que ya se podría asumir una posible homosexualidad.

Viven toda situación con mucho miedo y mucha tristeza, aunque sean conductas más
sutiles como burlas o “hacer el vacío” que es dejarles de lado, aislarles. No entienden
qué hay en ellos, piensan que algo malo tienen que no gustan, empiezan a sentirse
inferiores y a dudar de sí mismos, empiezan a no valorarse como personas porque los
demás les rechazan, y esto es el inicio de un camino de soledad y tristeza, un camino de
sentirse diferente y no válido. Simplemente es distinto. Y son las diferencias las que no
gustan en la sociedad y cómo se ve ya reflejado esto en la infancia, cómo los niños
hacen de espejo a lo que ven en el mundo adulto.

No sé por qué, pero parece que ser distinto en esta sociedad provoca rabia y genera
violencia. Pero hay que tenerlo claro, es una conducta aprendida de los adultos con los
que conviven estos niños.

Los que observan el acoso tienen un papel muy importante porque son los que pueden
ponerse del lado de la víctima y ayudarle, contando a un adulto lo ocurrido y
preguntándole cómo se encuentra y si necesita algo, estando a su lado y mostrando
empatía con ella. En muchas ocasiones los niños que ven los maltratos se quedan
únicamente como observadores, tienen miedo de contarlo y ser ellos las próximas
víctimas pero es muy importante que salgan de ese estado. Hay que enseñarles qué
deben hacer en el caso de presenciar cualquier tipo de maltrato, aunque sea puntual,
porque no hacer nada es ser cómplice. Debemos decirles que cuando vean un maltrato
hacia un compañero no deben reírse ni ponerse del lado del acosador, sino ir al lado de
la víctima, preguntarle cómo está y qué necesita y acto seguido ir a contar lo ocurrido a
un adulto.

Debemos explicarles la diferencia entre “chivarse” y “denunciar una situación
injusta”. Chivarse es contarle a un profesor algo que está haciendo un compañero y
que no está permitido por las normas del centro, pero que no daña a nadie, por ejemplo,
copiar en un examen, usar el móvil en clase, comer o beber en clase, etc. Esto es
chivarse y no es del todo correcto puesto que saltándose esa norma no hace daño a nadie
y recordemos que algunas normas son muy estrictas, por ejemplo, un alumno puede
comer en clase porque realmente está sintiendo mucha hambre y lo necesita, si otro se
chiva le está fastidiando. Contar una injusticia no es chivarse porque hay un ser
humano sufriendo, eso es denunciar, es ayudar a la persona que sufre para que no se
vuelva a repetir ni con él ni con otro. Los niños deben de tener muy claro esta
diferencia.

¿Cómo detectar el acoso escolar?
Es muy importante detectarlo y detenerlo a tiempo porque las consecuencias de un
acoso continuado en el niño son muy negativos, baja autoestima, depresión e incluso
suicidio.
Los padres deben estar atentos a cualquier cambio de conducta en sus hijos, si está más
irritable o violento, si tiene rabietas que antes no tenía, dolores psicosomáticos de
estómago o cabeza, no querer ir al colegio ni a las excursiones.
Los docentes deben estar también atentos a ciertas señales que pueden indicar acoso
como que el niño no socialice, esté siempre solo y triste.
El centro debe estar vigilado por adultos en todos los momentos y lugares, porque los
maltratos suelen ocurrir en los baños, pasillos, escaleras, en las horas de comedor y
momentos en los que los niños saben que no hay adultos vigilando.

Ni víctima ni acosador

Los padres no queremos que nuestros hijos sean víctimas ni acosadores y debemos
ayudarles con nuestro ejemplo y nuestra presencia a que esto no ocurra.

¿Y cómo? Primero amarles de forma incondicional, parece que todos los padres aman
así, pero no. Incondicional significa que le amamos, le respetamos y le aceptamos
aunque no cumpla nuestras expectativas, aunque no haga las cosas como a nosotros nos
gustan. Valorar todo lo positivo que hacen, decirles todos los días lo maravillosos que
son y lo orgullosos que estamos de ellos. Esto es la base de una buena autoestima y ésta
es la base de que nuestro hijo se respete a sí mismo porque sabe que es una persona
valiosa y que respete a los demás porque le han tratado con respeto. Una vez sabemos
que esta base existe enseñarles que nadie puede humillarles ni pegarles, ni él hacerlo a
los demás. Estar muy presentes física y emocionalmente como padres y escuchar todas
sus historias sin juzgarlas. Algo que funciona muy bien es, por la noche, cuando les
acompañamos a la cama, valorar el día, decir una cosa que nos ha gustado del cole y
otra que no. Podemos también decir nosotros una cosa que nos ha gustado y otra que no
para que también sepan nuestras experiencias  a lo largo del día. Con este ejercicio se
crea mucha complicidad y salen muchos sucesos que de otra forma el niño podría no
contar.

Para que no se conviertan en acosadores lo más importante es tratarlos con respeto en
casa, sin burlas, gritos, amenazas, humillaciones ni golpes. Dejarles claro que es
intolerable cualquier tipo de violencia en casa. Enseñarles a ser empáticos, poniéndoles
ejemplos de qué sentirían ellos en distintas situaciones.
Y por último, la educación emocional debería ser una asignatura obligatoria en todos los
colegios desde 1º de infantil, y otra saber gestionar conflictos de forma positiva, además
de dotarles de habilidades sociales para aprender a decir No y a defender sus derechos.

                                                   Juego de Akros “Educar contra el acoso escolar”

Este juego permite concienciar a los más pequeños para prevenir situaciones de acoso

escolar antes de que existan, así como dotarles de estrategias para afrontarlas.

 

Por supuesto, para enseñar esto a los niños deberían haber docentes formados y
preparados. Sin olvidarnos de los padres, que nuestros hijos no vean violencia, que
sepamos pedir disculpas cuando cometemos un error, que no juzgamos ni nos burlamos
de los que son diferentes, que no ponemos etiquetas por sexo, raza, política, etc. Que
aceptamos las diferencias y aceptamos a los demás tal y como son.
Repetirles una y mil veces que su libertad termina cuando está molestando o dañando a
otro ser, cuando son pequeños no lo entienden y quieren saltarse ese límite pero si lo
mantenemos con nuestro ejemplo y siendo firmes no dejando que lo traspasen, llegará
un día que les veremos siendo personas respetuosas con todo lo que les rodea. Tenemos
esa gran responsabilidad como padres, debemos cortar este círculo vicioso de violencia
que se está creando en el mundo.


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